Entre el 22 de marzo y el 25 de abril: ese es el margen en el que cae la Pascua para católicos y protestantes. La fecha sigue una regla medio astronómica, el domingo después de la primera luna llena de primavera, y por eso todos la volvemos a mirar en el calendario cada año. Lo que no cambia es el surtido de emoji de Pascua: 🥚, 🐣, 🐇 y, para los más sinceros, 🍫, que en Cataluña y Valencia acaba coronando la mona.
Pero el corazón de la fiesta está en otra parte, al amanecer, ante un sepulcro abierto. Unas mujeres van a embalsamar un cuerpo y encuentran la piedra corrida. En la Vigilia Pascual, la iglesia a oscuras se ilumina poco a poco a partir de una sola llama, se canta el Exsultet y el Aleluya, callado desde el Miércoles de Ceniza, vuelve por fin. Por la mañana, algunos se saludan como los cristianos de Oriente: «¡Cristo ha resucitado!», «¡Verdaderamente ha resucitado!»
El conejo puede quedarse, tiene sus seguidores. Pero falta un sepulcro vacío con la piedra corrida, un sudario doblado, un sol que sale sobre un huerto, un Aleluya en letras de oro: propón el que más ganas te dé de echar las campanas al vuelo.
Amen
!por AI Generator
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