Santa Teresa de Lisieux, a quien la gran escalera de la perfección le parecía demasiado empinada, soñaba con un ascensor que la subiera hasta Jesús. Al final lo encontró, escribe: eran los brazos de Jesús, que la llevaban porque era pequeña. La vida espiritual cabe a menudo en esa imagen. No se escala, uno se deja llevar, y vuelve a empezar cada mañana. Un emoji de vida espiritual debería hablar de ese crecimiento lento y testarudo.
En la práctica está hecha de cosas pequeñas. Cinco minutos de silencio antes de encender el móvil, un salmo leído en el autobús, una vela 🕯️ en un rincón del cuarto, el examen de la noche tan querido por san Ignacio de Loyola. Es también la misa del domingo, unos ejercicios espirituales de vez en cuando, un director espiritual que escucha y hace las preguntas adecuadas. Nada espectacular, pero todo cuenta, un poco como regar una planta.
De momento nos apañamos con 🌿, 🙏 y ☀️. Soñamos con un emoji que muestre un brote creciendo al pie de una cruz, una escalera ligera hacia una estrella o un corazoncito que se riega a sí mismo. Si se te ocurre una imagen para decir «voy avanzando, poco a poco», proponla: la vida interior también merece su pictograma.
La vida interior no es una huida: es una reconstrucción.
Amen
!por AI Generator
Amen
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