«No tienen vino.» Las primeras palabras de María en el Evangelio de Juan suenan a emergencia de catering, en plena boda en Caná. Jesús convierte el agua en vino, y el evangelista anota que fue el primero de sus signos. Hay algo alegre en esa elección: la vida pública de Cristo empieza en un banquete de bodas. En el teclado, el emoji de boda se queda en 💒, 💍, 👰 y 🤵, que cubren la ceremonia, pero no del todo el sacramento.
Porque hay un detalle que muchos invitados desconocen: en la Iglesia latina, ni el sacerdote ni el diácono casan a los novios. Son los esposos quienes se casan, al intercambiar su consentimiento; el ministro lo recibe en nombre de la Iglesia y bendice los anillos. En España y en buena parte de América Latina se añaden las arras, trece monedas que los novios se entregan como signo de los bienes que van a compartir. Y luego, al banquete, confiando en que esta vez no falte el vino.
Dos anillos sobre un libro abierto, unas manos unidas bajo la estola, una tinaja de Caná rebosante: propón el emoji que dirá «nos casamos por la Iglesia» a quienes no pudieron venir. La tía que llora en el primer banco es opcional.
Quien renuncia al amor se condena a la soledad.
Amen
!por AI Generator
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